"Methapora circula en la ciudad, nos transporta como a sus habitantes, en todo tipo de trayectos, con encrucijadas, semáforos, direcciones prohibidas, intersecciones o cruces, limitaciones y prescripciones de velocidad. De una cierta forma –metafórica, claro está, y como un modo de habitar- somos el contenido y la materia de ese vehículo: pasajeros, comprendidos y transportados por la metáfora. Extraña posición para arrancar […] extraña porque implica al menos qué quiere decir habitar, y circular, y trasladarse, hacerse o dejarse trasladar".
Jacques Derrida
La retirada de la metáfora
He decidido comenzar desplazándome en la pregunta a la que nos hemos visto convocados. Hoy, ante ustedes, quiero presentar un par de pensamientos sueltos, móviles y plegados. La pregunta que nos convoca es ¿dónde están los filósofos?, trataré de olvidarme del carácter inquisitivo y acusatorio del texto y me dedicaré a la sugerente pregunta, haciendo quizá unos matices y unas aclaraciones a la misma. Si tengo que responder a la pregunta digo que los filósofos ocupan un lugar y que su manera de ocuparlo tiene que ver reiteradamente con su modo de conducirse en la filosofía misma. Voy primero a referirme al texto en específico.
I
Me parece que el artículo tiene un impulso “regenerador” y que nos propone dos cosas interesantes, por un lado una reflexión acerca del lugar de la filosofía en Colombia y por el otro una pregunta acerca de la relación de lo privado y lo público con el hoy inmediato al que el filósofo debe enfrentarse. Sin embargo, a mi modo de ver el articulista peca de varios errores que pueden calificarse de poco “rigurosos”[1]. El primero de ellos es el de considerar que los filósofos en tanto figuras especializadas “deben” preocuparse por la “realidad” del país, ¿por qué peca aquí? Hemos de decir que con “muy poca rigurosidad[2]” el autor se refiere a los términos de realidad y a su atribución en términos de deber al filósofo. No pretendo aquí detenerme pero si lanzarle al autor un par de preguntas: ¿es acaso la misma realidad la que se vive en todo el territorio demarcado con el nombre de Colombia? ¿Es el filósofo un sujeto que, cual boticario de esquina, remedia las inmediateces que nos venden como realidad? ¿Se puede hoy en la era de la comunicación massmediatica hablar de “una” realidad? Eso por decirle que el que aquí lee, no ve una sola realidad y que padece de un sinnúmero de ellas que le atraviesan en cada momento. Así que tendremos que decirle al autor que no, que quizá la pregunta no tenga ese fin claro de demarcación territorial y que los linderos de la filosofía en “Colombia” no son los de la “realidad” una y que quizá el filosofo se ocupa hoy de sus realidades y que quizá así es más, y cada vez más, consecuente con su tiempo y su elección por la filosofía.
II
De aquí en adelante, intentaré ante ustedes “usar” la pregunta, para desviarla, manejarla y poder al menos enunciar un par de pensamientos no elocuentes, ni sugerentes. Baste con decir que esta mera reflexión de ustedes aquí conmigo, no es la expresión máxime que dice: ¡si, los filósofos estamos aquí!, respondiendo a un urgente massmediatismo. No, no creo, que sea así, creo que aquí hay al menos dos sentidos posibles, dos maneras de vernos en un lugar. Respondiendo a la pregunta con la afirmación de “un” lugar, o sintiendo que la pregunta es al menos sintomática y puede de ese modo sugerirnos otros lugares posibles.
En definitiva yo me inclino por la segunda alternativa porque me tiene sin cuidado saber si los filósofos “afirman” que están aquí o allá o se juntan en una “torre de marfil” o en una oficina de decanatura, o en las salas de las bibliotecas esperando a que el “ser” los interpele, eso la verdad me tiene sin cuidado. Al fin de cuentas cuando decimos sí a la pregunta, creo que no hacemos sino defender ese posible juego mercantil de Colciencias y re-afirmar que tenemos un CV-lac y que eso nos hace más o menos filósofos. Y que sí, que somos filósofos, ¡aquí! desde la academia produciendo libros y leyendo “hermosas” teorías sobre el ser.
La palabra “academia” acuñada en los primeros años de la Grecia antigua, no rememoraba el estilo de la academia filosófica de hoy, es más ni siquiera arquitectónicamente tenían similitud. Hoy son 4 paredes con un tablero, 20 sillas y 4 dominadas las que ocupan el panorama, el de un lugar frio que intenta resguardarse de uno de los tantos exteriores. El jardín de los filósofos fue reemplazado por el escaparate de egos acuñados que piden ser leídos y publicados con [el] “logos” de ICONTEC. El espíritu de la academia platónica era el de un cumulo de hombres, del mismo sexo, que se preparaban para un conocimiento mejor, para un conocimiento que –si mal no he aprendido– tenia fines políticos. Es cierto que el aristocratismo de la academia platónica hizo de tal un lugar en el que geómetras y conocedores de las ideas, se alzaran sobre si mismos para gritar ¡he aquí al ser! ¡Después de tanta meditación ha llegado a mí! Desde allí la academia filosófica sufre una suerte de especialización del saber que pide una serie de requisitos y empieza a ser el lugar de una elite que sabe más de la vida que la vida misma. ¿Qué mas pensar de esa abstracción compleja e irrisoria de medievales, modernos y contemporáneos versadores sobre el “ser”?
Yo enunciaría la pregunta dónde están los filósofos de otra manera, hablando en nombre propio, y siendo cada vez muchos, siendo Platón, Epicuro y Kant, pero también Heidegger, Ortega y Gasset, Deleuze y Onfray, pero a la vez Foucault, Zizek y Baudrillard y quizá un poco más Sloterdijk, Nietzsche y Derrida. Y me atrevería a decir que una posible pregunta para pensar es dónde estamos cuando decimos que “somos” filósofos en Colombia. Porque creo que lo que importa es ese lugar aparente que decidimos ocupar cuando en un ejercicio [Übung] nos entrega-mos la vida filosófica.
Bueno y entendamos aquí que la vida filosófica en Colombia no es sino el producto marginal de una serie de no-lugares. Yo creo que la vida filosófica es el lugar en el que la palabra remedia ese aquejamiento del espíritu, pero no se trata aquí del aparente no-lugar metafísico [alma] que nos han vendido, ni mucho menos, sino de ese no-lugar, de eso no-dado, que nos interpela cual gesto emocional [el nobjeto]. La vida filosófica es en si misma la serie de biografías filosóficas que se están movilizando en cada quien, en cada momento, así que el lugar común de la filosofía no es el de la academia cerrada.
Yo diría que el lugar de enunciación de nosotros como filósofos, con todo lo que su figura trae, es el de la academia, es ahí donde nos decimos filósofos y donde nos enseñan ese rigor del pensamiento ¡ese bello rigor! que nos lleva a ser un tanto marginales y vitalmente elitistas. Nos alejamos perdidos en no-lugares, con nobjetos dados de antemano y nos cerramos resguardándonos de un exterior escarpado y frio. La pregunta por dónde están los filósofos puede entenderse como una manera de preguntarse por qué los filósofos colombianos están dormidos, desaparecen, y, tanto ustedes como yo, sabemos qué hay filósofos pero ¿qué lugar ocupan? Y es porque quizá no nos hemos siquiera preguntado por la importancia del espacio en la vida filosófica porque aun estamos lejanos a una especie de geometría vital. Creo que a excepción de Heidegger, del argentino Kusch, de Sloterdijk, Foucault y Derrida, nadie se ha tomado con la suficiente fuerza el pensar como un lugar.
Pero tratemos de rastrear al menos uno de esos lugares de enunciación, de afirmación del lugar, de sedimentación en el terreno. Permítaseme divagar acá un poco. Es la seriedad de los filósofos un lugar particular. Son los filósofos serios, los del método que ofrece posibles escapatorias a problemas aun no resueltos, que ofrece vías seguras y realidades certeras. Somos filósofos aquí después de la disputatio, comprobando la hipótesis, generando un tratado o un manifiesto o derrumbando un sistema anterior, captamos lo total de la realidad. He aquí al filósofo, no puede ser otro, es aquel, el del hombro descubierto que en su seriedad ha logrado entender al ser y desvelarlo para los poco serios que andamos a pie. La seriedad es un tipo de sedimentación en el terreno, de lugar demarcado y definido, con unas latitudes que le elevan y le llevan hacia el uranus, la filosofía es un mapa demarcado y perfectamente “calcable”. Y no está mal que el filósofo sea serio ni mucho menos, pero su seriedad ha determinado su temperamento, lo ha hecho uno y ha logrado volver liso lo que puede ser estriado. Nos ha hecho ver sedimentos como si fueran verdades. Si es cierta la sentencia de Fichte, de que lo que filosofa es el temperamento, veámonos hoy, miremos que es lo que filosofa en realidad, ¿El ego bañado por el CV-lac y el “logo[s]” de ICONTEC? O ¿La jovialidad inmanente de nuestro temperamento, de nuestros padecimientos?
¿Y que tal si la filosofía se va al absurdo, dejando de tener un autor y un lector capacitado; que tal si nos damos la libertad de pensar que el filósofo es más un juego de sugerencias y enunciaciones, de posibles caminos, de posibles rutas que ya no se inscriben en una latitud hacia el uranus, que tal si nos damos la libertad de hacernos nómades, de pensarnos en un terreno habit [ando], que tal si cumplimos la triada de Heidegger: Construir-habitar-pensar?
III
¿En qué términos ser filosofo hoy? ¿De qué manera nos decimos ser filósofos hoy?
No atiendo aquí la esencia de filósofo, sino que intento enunciar unos posibles términos para hacernos entender, y ver ¿para qué filósofos hoy? ¿Cuál es el uso de ese saber tan cómodamente atípico? Creo que una primera premisa es entender este lugar, la academia, como múltiple y variada, como posible, no como el lugar de enunciación y sedimentación de la seriedad sino como el establecimiento en el que la seriedad adopta un matiz pasajero, necesario y voluntario. Se mezcla con la jovialidad, se entreteje, la academia como el vehículo riguroso de la metáfora. Como el lugar en el que se aprende a ser muchos, seremos Kant pero también Zea o Roig o porque no Santiago Castro. Pero no sólo seremos la copia fiel y rigurosa que la academia necesita sino que seremos una especie de actores, de pensadores en escena que usan las mascaras cuando son necesarias, pertinentes, cuando las sugerencias se hacen vitales y cuando hay que responder a un padecimiento.
Creo firmemente que quien mejor logro ese esbozo de filósofo serio y riguroso que hablaba en nombre propio fue Michel Foucault. Un hombre que se permito la practica política, pero que la entendió en otro sentido que presento su filosofía como una herramienta política de acción [caja de herramientas], usó de lo mediático como una posibilidad para transformar, esbozó una especie de hermenéutica de la facticidad con herramientas supremamente sutiles y funcionalmente capaces.
Lo que hila el problema del lugar son las prácticas filosóficas. No otra cosa, no el autor y la pose de egos continuos, como esa actitud y práctica para responder de manera “una” a la cuestión de las realidades. ¿Cómo responder entonces a la cuestión del filosofo hoy? Creo que debemos responderla desde la experiencia con la filosofía misma, de una manera que usa y abusa de autores, corrientes y lugares. Quien se apropia de la filosofía se hace filósofo, y creo que puede decir “Yo soy cada uno de esos seres históricos, de los que se suele discurrir en la academia, soy uno y cada vez muchos. Hablo en nombre propio, como un ser abusivo, que se atreve, que irrumpe, se transfigura [Verklärung]”. De ahí que mi sugerencia sea que cada quien puede preguntar-se: ¿dónde estamos cuando nos decimos filósofos? ¿De qué lugar [es] creemos y podemos apropiar[nos]? Este es un tipo de pregunta que de ninguna manera nos encierra en cuartos o montañas sino que nos invita a la expresión de lugar [es] en medio de una comunidad, nos invita al coraje de decir siempre la verdad…
“La tarea de la filosofía es recuperar las estructuras fundamentales y operantes de la vida cotidiana, gracias a las cuales creamos ciencia, política, instituciones e historia” (Castro-Gómez, Santiago. Crítica de la Razón Latinoamericana, 1998 p. 10).
aaa profe la verdad es que en este presente la filosofia pasa a ser secundario por que uno se preocupa por tener plata y todo eso ya no importa nada mas
ResponderEliminarfilosofía, es arte, es una vida, tal como se puede estudiar, debemos usarla, "aplicación de las ciencias", así podremos llamarnos filósofos, - aquel que se apropie de la filosofía, puede llamarse a si mismo filosofo- como anteriormente dijo, y así mismo puede, y posiblemente tiene la obligación "moral" de compartirla, con quien guste aceptarlo, de hay puedo deducir que que la academia esta, en todos los sitios posibles de la imaginación, del ser, la academia es una multiplicidad que se da en quien pueda usar metáforas para expresar lo que piensa por si mismo, y sea capaz de causar reacción en otro mas.
ResponderEliminarMe parece que el compromiso, en cuanto filosofos, con eso que llamamos "realidad", tiene que ver o se aproximaría, en el peor de los casos, con el inquietarnos por nuestras preguntas fundamentales, el acercamiento a ellas no es un acto de c...obardia o excentricidad egocentrica, sino más bien el habernosla con el entorno que nos circunda y desde donde podemos aportar de alguna manera, si es posible, a la construccion de la historia, de la ciencia y de la politica.
ResponderEliminar