Apuntes para una estética de la existencia en Sloterdijk y Foucault
Quien cree que piensa realmente sin mirar antes en el abismo de su propia singularidad, solo está intentando convencerse a sí mismo de que está pensando pues no hace sino soñar un sueño conformista, y lo hace como si fuera el sueño de una conciencia crítica. Más quien piensa realmente está condenado a una soledad que le obliga a comenzar siempre de nuevo y a sentir siempre por sí mismo; a partir de ahora ya no hay “tradición” que valga, sino únicamente un reencuentro con uno mismo en afinidades y coyunturas.
Peter Sloterdijk
El pensador en escena. El materialismo de Nietzsche
Valga para iniciar el intento de sonar obstinado, de aparecer como un charlatán, de asumir el coraje de dejar las viejas seguridades para comprender que éstas deben ser problematizadas; de lo que se trata es de mostrar que la apuesta por una estética de la existencia responde al asumir el nihilismo, al afrontar la muerte de dios y asumir cómo se vive sin él. Y si bien es cierto que para muchos ese intento parece el lugar para decir que todo vale, seremos aún más obstinados para rebatir ese espíritu logicista que encierra lo diferente bajo el logicismo seguro de la dialéctica. El tema que abordamos padece hoy de una especie de “fetichización académica”, quienes bordean las lecturas de Foucault, Onfray y Sloterdijk, suelen abrirse campo entre la maraña académica para insuflar su espíritu con el aire de algo diferente, y, si bien es cierto que yo soy producto de esa especie de lugar, he de decir que este saber animado por estos autores va más allá del fichaje académico y pretende asumir el camino como un ejercicio de vida como una práctica de sí. Así el tema sea recurrente, en coloquios, clases y pasillos académicos, aun me parece que sufre de ese anclaje que pretende verlo como un ejercicio meramente teórico, como un sueño frustrado. Y dirán ustedes ¿Por qué entonces presentar este trabajo aquí, en un recinto académico? Sólo diré que se trata un ejercicio de crítica, de una crítica que va de adentro hacia afuera, que hace menos pesada la carga del mundo.
Aquí, hablando en nombre propio, decido asumir el coraje de exponer una serie de apuntes, un montón de conjeturas que me han aparecido con el transcurrir de la lectura de dos autores como Sloterdijk y Foucault. La tesis de este texto se resume en la sospecha de que existe una especie de entre, de lugar común, en el que se cruzan los caminos filosóficos de ambos autores, para ambos la vida es una obra de arte, posición que por accidente (quizás voluntario) decide oponerse a los radicalismos maniqueos de filosofía dura y blanda, de esteticismos absolutos y de rigorismos lógicos. Debates que a aquí no me resultan interesantes.
Creer que la filosofía es una herramienta para hacer de la vida una obra de arte nos remite a comprender que en algún momento de la existencia, en algún determinado momento histórico, alguien comprendió que el decir está relacionado con el actuar y que sólo se puede decir mientras uno se pueda mirar y escuchar. El nacimiento de la filosofía como evidencia de la radicalidad inmanentista del concepto. La filosofía, como bien sabemos, no es el producto de un milagro, sino la conjunción en un espacio-tiempo en el que la inmanencia luchó contra la trascendencia, la filosofía aparece ante nuestros ojos como una máquina de guerra, el concepto como arma inmanente: arte del concepto.
Desde esta perspectiva, el saber filosófico está mucho más unido a la vida, el concepto ha construido un plano de inmanencia, ha girado los modos de comprensión del sentido, es el sentido; el concepto solo puede aparecer en la escena como sumergido en medio de la vitalidad como manifestación del decir y del actuar, el concepto procede de la filosofía como vida filosófica: encarnar el logos, ser palabra viva, ser [estar] una sílaba legible, devenir silaba para convencerse de ser palabra.
El dictum Nietzscheano hacer de la vida una obra de arte, no puede ser entendido como una apuesta dicotómica entre lo teorético y lo estético, sino como un juego vital de creación y re-creación de los espacios anímicos. El acto creativo no es un juego premeditado que sigue unas reglas, planteadas a priori, sino que es producto del azaroso estar-en-el-mundo; verse-inmerso es aparecer en la escena, extrañarse de la situación, la vitalidad como una teoría de los espacios comunes, de la habitabilidad, de los espacios y lugares anímicos: geometría vital. El cómo se las arregle uno para aceptar la inmersión en el mundo, para asumir-se y crear una serie de espacios (gobernar) es la posibilidad de estructurar la vida como una obra de arte: estética de la existencia.
Usaremos los conceptos para darnos luces sobre cómo somos sílabas que van de camino a la palabra, sobre cómo nuestro decir es un modo de cuidarse. Para ello nos deslizaremos entre la propuesta del gobierno de sí planteada por Foucault como ontología crítica del presente y, entre las prácticas o ejercicios de extrañamiento expuestos por Peter Sloterdijk, para desde allí argumentar que la filosofía es un ejercicio que cuestiona el modo de estar y de aparecer en el mundo: Psiconáutica como ciencia del entusiasmo. Es así, en medio de lo dicho, de los caminos cruzados, como la filosofía se transfigura en una bella disciplina que nos permite ejercitarnos en una geometría vital, en la que se demarcan los espacios vitales y se recrean los espacios anímico-comunes, la filosofía como práctica de sí, el extrañamiento como recreación del espacio anímico, el cuidado de sí como inquietud, la filosofía como ejercicio [Übung].
¿Qué tienen en común? ¿Dónde construir un suelo estriado que sea transitable entre estos dos autores? ¿Dónde está el “entre” que va de Foucault a Sloterdijk y viceversa? Primero he de señalar que mi propuesta desemboca en la comprensión de los dos filósofos como lugares en los que la vida filosófica encarna la posibilidad de devenir una obra de arte: experimentar, extrañarse y gobernar. Por práctica de sí comprenderé un ejercicio, es decir, una serie de técnicas de trabajo improductivo sobre sí, de empeño, de esfuerzo: el arte de la inservidumbre voluntaria.
Así pues, la filosofía se transfigura, deviene ejercicio; Osaremos emprender esta huida, este traslado de conceptos, esta posible relación, comunicando que este ejercicio es apenas un pequeño paso pretensioso, vale la pena decirles, que en esta corta cantidad de tiempo, esbozaré una serie de trazos grises entre uno y otro autor, sin la pretensión de llegar a acabados finales, a lecturas “correctas”.
El entre que va de Foucault a Sloterdijk está ubicado en el concepto de crítica. Foucault señala que ser crítico consiste en dejar de ser gobernado de una determinada manera; no dejar de serlo absolutamente, no es rebelarse contra el “sistema”, sino oponer resistencia, dejando de ser: huyendo. Dejar de ser para devenir otro: mutar-se y transfigurar-se. Pero ¿Dónde es posible la transfiguración? Aquí, sobre sí. ¿Cómo hacerlo? Olvidándose de sí, huyendo, dejando de ser. Problematizar y extrañarse son aquí términos equiparables, cuestionar, desnaturalizar, des-familiarizarse, asumir que los campos de intervención para la transformación de sí y de la filosofía como práctica son los cuestionamientos sobre las relaciones entre el sujeto y la verdad.
¿Cómo operan las relaciones entre el sujeto y la verdad, de qué modo se modifican, amplían, modulan y conmemoran? Foucault considera que esas preguntas son quienes instauran diversos modos de actuación de las prácticas de gobierno, el gobierno modula las verdades, legítima sus posibilidades. Las relaciones entre el sujeto y la verdad no son completamente teóricas ellas devienen pragmáticas, modifican la vida de los sujetos, intervienen en sus pasiones y deseos mutan sus maneras de decir y actuar. Decir la verdad es actuar conforme a una política de la verdad. La teoría y las reglas de la política de la verdad son una maquinaria para la soportabilidad: “la teoría deja de ser ya una maquinaria discursiva que trabaja al servicio de los funcionarios del pensamiento para ser un escenario en el que la vida se transforma en el ‘experimento del hombre que busca el conocimiento’. Quien hace su entrada en escena, quiere distinguirse de un modo singular: quiere revelarse a sí mismo” (Sloterdijk, 2000, p. 48).
De manera que la teoría como escenario de las problematizaciones estructura las posibilidades para sostener un andamiaje: “Quien busca un camino hacia sí mismo, sueña con alcanzar un estado en el que sea capaz de soportarse. (Relación con la cuestión del gobierno como posibilidad de hacer soportable la vida) De ahí que ninguna búsqueda del verdadero yo sea simplemente teórica; ésta búsqueda nace de la aspiración de lo viviente a una “verdad” que vuelva soportable la vida insoportable. En el marco de estas preguntas radical cesa toda teoría y desemboca en un arte de vivir o continúa siendo lo que era: síntoma de una vida mutilada o de un sujeto sujetado” (Sloterdijk, 2000, p. 77)
Después de 1979 el poder, para Foucault, no es algo bélico, sino un arte, una técnica, pues ya no se trata de la dominación del otro por medio del poder sino del “gobierno”, de la modulación de ese otro, de la modificación de la conducta, de la trasformación de sí en relación a un telos estructural que corresponde a un arte de gobierno determinado. Gobernar es estructurar una escena en la que los actores responden modulando sus papeles y cambiándose de máscara cuando la función lo necesite: soportarse y ser capaz de soportar. Gobernar es construir una estructura que garantice ciertas reglas de juego para la relación entre el sujeto consigo y los otros sujetos.
Si el poder es gobierno, se puede pensar en la posibilidad de la libertad, se puede dejar de ser dominado, incluso llegar a ser libre; liberarse es desujetarse, gobernarse a sí mismo, comprender que las reglas de juego pueden mutar y variar, que el gobierno de los otros actúa sobre los medios y no sobre los cuerpos de los sujetos (anotomo-política Vs Biopolítica). El arte de gobierno interviene sobre un mileu, sobre un medio ambiente, crea los hábitos, regula las actitudes abre las posibilidades para el desarrollo entre los sujetos. ¡Bienvenidos al palacio de cristal[1]! ¿Así que cómo desujetarse, cómo no verse inmerso y estar realmente afuera del palacio, cómo dejar de creer en las imágenes y los imaginarios que un reflejo puede soportar? ¡Siendo críticos!
Sloterdijk usa una bella metáfora en Esferas III en la que relata que el nuevo auge del capitalismo mundial puede ser comparado al de un palacio de cristal que funciona como invernadero político, como escenario para la climatización, la seguridad como política del siempre estar abrigado. “La climatización simbólica del espacio común es la producción originaria de cualquier sociedad. De hecho, los seres humanos hacen su propio clima, pero no lo hacen espontáneamente, sino bajo circunstancias encontradas, dadas y transmitidas” (Sloterdijk, 2003, p. 52).
Ser crítico es entablar una relación consigo mismo, modificar una actitud, problematizar para devenir disfuncional, para cuestionar los límites del arte de gobierno “yo diría que la crítica es el movimiento por el cual el sujeto se atribuye el derecho de interrogar a la verdad acerca de sus efectos de poder y al poder acerca de sus discursos de verdad; la crítica será el arte de la inservidumbre voluntaria, de la indocilidad reflexiva. La crítica tendría esencialmente como función la desujeción del sujeto en el juego de lo que se podría denominar, con una palabra, la política de la verdad” (Foucault, 2002, p. 11).
¿Qué quiere decir Foucault con un movimiento de interrogación de la verdad, con una desujeción? Se trata de problematizar, dejar de ser gobernado de una determinada manera, de no ser más de ese modo, de garantizar un espacio en el cual huir de los límites de la razón gubernamental para devenir disfuncional. La crítica es un espacio de huida consciente, de huida presente, de extrañamiento del mundo. Extrañarse es la posibilidad de dejar de verse inmerso de un determinado modo, es hallarse en medio de: topar consigo mismo. “Quien es hombre vive en una posición que se extraña absolutamente de sí misma. A partir de ahí, no soy más que escenario de una pregunta. Mi vida es un teatro del estremecimiento de que tengo que ser algo diverso de todo aquello que goza de confort, cosa entre cosas, ser entre seres. ¿Por qué me toca a mí?” (Sloterdijk, 2008, pp. 29-30).
Uno de los rasgos característicos de la ontología desarrollada por Sloterdijk es el que responde al modo de la inmersión del hombre en el mundo, una onto-genealogía humana deviene sólo posible cuando se comprenden los motivos y las emergencias de la venida al mundo. El resultado que se consigue como intento de respuesta a dicha pregunta aparece como posible foco de conexión entre el francés y el alemán. Pues, si para el Foucault la crítica es una actitud, la adopción de ésta puede darse por medio de la compresión de lo ontológico como capacidad para hallarse y transformarse, la pregunta es interesante porque interpela la radicalidad que indica un cambio de actitud, es una pregunta pragmática que empuja una actitud vital, que incita a un cambio de lenguaje y que manifiesta una posible transfiguración ¿por qué le toca a él? Porque es el ser entusiasta, quien decide navegar sobre sí mismo para hallarse y poder modificarse: experimentar.
La actitud crítica es aquella que asume la posibilidad de construir una respuesta a la pregunta psiconáutica de Sloterdijk. Por qué nos toca, por qué estamos aquí, de este modo, son preguntas que abren los surcos de la existencia hacia sí, no existen manuales para responder, lo único posible es ir de lo probable a lo imposible, ser capaces de la imposibilidad para convertirla en soporte. El miramiento y la escucha de sí, son ejercicios vitales de demarcación del espacio vital que yo constituyo y habito. Responder a las preguntas es la instalación de un escenario para la mutación de las características ontológicas: la posibilidad de dejar de ser, de no ser, de huir. “Sin arrobamiento no hay primera filosofía” (Sloterdijk, 2008, p. 127)
El escape es la salida que mueve los cimientos de la existencia que estructura una serie de preguntas imprescindibles, cuestionar los espacios para revivir modos de habitar olvidados o para crear otros. “Existir es, en consecuencia, no sólo el avance irreversible desde una no-existencia (o pre-existencia) hacia la existencia, sino que incluye en sí un movimiento contrario desde la existencia hacia la no-existencia” (Sloterdijk, 2008, p. 149). Extrañarse del mundo es la posibilidad para re-crear espacios anímicos llenando de contenido las posibilidades, configurar actitudes críticas como posibles lugares de afirmación entusiasta: Nietzsche, Sloterdijk y Foucault. La vida como obra de arte, forma primera para una estética de la existencia, es el escenario para lanzar pensamientos que saben mentir a las verdades institucionales que faltan a lo conjetural para apostarle a la presunción metafórica de una promesa entusiasta, re-configurar el sentido con sospechas y actitudes hermenéuticas que pueden ser tildadas de faltas de orden lógico y de seriedad académica.
Convenir con lo posible es tejer hilos para trazar puentes a través de los abismos existenciales en los que se coincida en que no hay caída, que avezarse vale para dejar de ser. Olvidar es la manera de venir al mundo y configurarse con la posibilidad de crear: ser un acróbata que no teme a la caída, la caída como un instante. La actitud crítica como dialéctica de la huida, dejar de ser para devenir otro posible; aceptar voluntariamente que la vida es un juego vital en el que se demarcan los espacios y los límites, en el que se permiten divisar los abismos para crear el mejor salto, aquí no hay miedo, el suelo con el cual estrellarse es una ficción que puede ser desmantelada. Lo posible deviene contingente la filosofía es arte de lo posible de crear-se, de experimentar-se técnicamente: pragmática de sí. “Si los seres humanos están ahí, están en principio en espacios que se han abierto para ellos porque ellos les han dado forma, contenido, extensión y duración relativa al habitarlos” (Sloterdijk, 2003, p. 52).
Dos ejemplos de caso
Sloterdijk: El a priori de la iniciativa como práctica de sí
“Sin comienzo propio no hay mundo” (Sloterdijk, 2006, p. 112) con esta frase podremos inaugurar una nueva manera de comprender el mundo que tiene como sello la posible insistencia en el recorrido histórico sobre lo que se ha sido. Iniciar significa poder comenzar con uno mismo, este a priori de la iniciativa invita al trabajo sobre sí mismo, al sometimiento de la urgencia para poder aparecer en el mundo. Es necesario poder llamarse a sí mismo poder comprender que con esto de la iniciativa se quiere un comienzo propio que inaugure el mundo. “El comenzar-con-uno-mismo del que aquí estamos hablando significa literalmente: comenzarse. Uno ha de escuchar esta expresión como si se dijera: activarse como una bomba; estrenarse como una obra aun no interpretada, darse la salida como el prototipo de un vehículo ya presente; quitarse el seguro como un arma; abrirse como una puerta a un lugar que no ha existido nunca; o cargarse como un peso hasta ahora insoportable que por una vez es llevado a un punto máximo” (Sloterdijk, 2006, p. 112).
Ese a priori de la iniciativa es el momento de un acomodamiento en el mundo, es la invitación a un temple y el encuentro real y efectivo con el campo de intervención de la poética, es decir, sólo se puede trabajar sobre sí mismo porque es cada subjetividad quien se invita a ser parte del mundo quien se garantiza su modo de accesibilidad al mismo. El ímpetu es desarrollo de lo probable como aquello que puede ser perfectamente realizable: el acceso al mundo. La garantía para poder verse inmerso en el mundo es que se acepte la urgencia de comenzarse y de superar las urgencia del afuera. El trabajo sobre sí se convierte en el gozne de la séptuple propuesta de Sloterdijk, pues los a priori que siguen, el de proposición, apertura del escenario, transmisión y absolución, solo son posibles en tanto se haya adoptado la posición de comenzar con uno mismo. Desde ese horizonte es desde el cual se puede observar el momento de aparición en el mundo, la emergencia del hombre esta entonces mediada y atravesada por una serie de a priori que en sí mismos constituyen el mundo como tal.
Comenzarse quiere decir en todo caso poder asumirse, poder concederse a sí mismo la posibilidad de explorar y de explorarse para construir el mundo. Pero ese comenzarse no es la priorización de un yo aislado, como pretenden los sueños libertarios de la modernidad o las nuevas teorías sobre el self, el poder asumirse, indica poder comenzar desde lo ya-sido. Esta indicación resuena con la interpretación ontológica de la facticidad que Heidegger hubiese lanzado a temprana edad. No se trata de un sueño individualista que pretenda hacer el mundo dándole la espalda a la historia sino que se trata del diagnostico de sí mismo desde lo acontecido, desde la aclaración de lo que se ha sido y la precipitación de lo que se es. “Comenzarse puede significar ahora: abrirse retrospectivamente a las voces y huellas de otro comienzo por medio de la percepción ilimitada del haber-sido efectivo” (Sloterdijk, 2006, p. 117). Es un abrirse hacia la historia para poder comenzar la propia historia es la necesidad del des-ligamiento para poder aparecer en el afuera.
Foucault, la crítica como práctica de sí: anarcología
“Cada una de mis obras es parte de mi propia biografía. Por algún motivo he tenido ocasión de vivir y sentir estas cosas” (Foucault, 1996, p. 144)
“No creo que sea necesario saber exactamente lo que soy. En la vida y en el trabajo lo más interesante es convertirse en algo que se era al principio […] Lo que es verdad de la escritura y de la relación amorosa también es la verdad de la vida. El juego merece la pena en la medida en que no se sabe cómo se va a terminar” (Foucault, 1996, p. 142). Con estas palabras de Foucault definimos la actitud crítica como una apuesta por la transformación de sí, como el juego de lo soportable, de lo radicalmente soportable. Aceptar las condiciones quiere decir conocer los límites, y esto conlleva a poderlos rebasar. La geometría vital como develamiento y creación de los límites de la experiencia vital. El ejercicio geométrico es una especie de aleturgia en la que el decir es visto como una práctica. “No puede existir ninguna auto-creación viviente sin la voluntad de realización; más la auto-creación como tal se funda en una obligación y en una capacidad para la creación que preceden a toda volición” (Sloterdijk, 2000, p. 100)
“Aunque lo nieguen, todos son abogados y, a menudo, también astutos defensores de sus prejuicios, bautizados por ellos con el nombre de verdades; están muy lejos del heroísmo de la conciencia que se confiesa a si misma su mentira, muy lejos de ese gusto que exige la bravura de hacerse oír, ya sea para advertir a un amigo, bien por engreimiento o poner en guardia al enemigo o para burlarse de sí mismo” (Nietzsche, 2009, p. 390 af. 5)
Referencias
Foucault, Michel. (2003). Sobre la ilustración. Madrid: Tecnos.
Foucault, Michel. (1996). Tecnologías del yo y textos afines. Barcelona: Paidos.
Foucault, Michel. (1999). Obras esenciales. II. Ética, estética y hermenéutica. Barcelona: Paidos
Nietzsche, Friederich. (2009). Obras completas II. Madrid: Gredos.
Sloterdijk, Peter. (2000). El pensador en escena. El materialismo de Nietzsche. Valencia: Pre-textos.
Sloterdijk, Peter. (2003). Esferas I. Burbujas. Microesferología. Madrid: Siruela.
Sloterdijk, Peter. (2006). Venir al mundo, venir al lenguaje. Valencia: Pre-textos.
Sloterdijk, Peter. (2006a). Esferas III. Espumas. Esferología plural. Madrid: Siruela.
Sloterdijk, Peter. (2008). Extrañamiento del mundo. Valencia: Pre-textos.
Sloterdijk, Peter. (2008). Extrañamiento del mundo. Valencia: Pre-textos.